Curitiba

Hay que decirlo de entrada, Curitiba no era, para mí más que un punto en el mapa. La llegada a una ciudad de unos 2 millones de habitantes me tomó por sorpresa. El calor humano de nuestros anfitriones también. Ana y Claudio, hacen parte de esta nueva familia que estamos descubriendo en Brasil : padres de Thais, esposa de Gustavo quien es el hermano de Nina, la mujer de mi hermano… ¿Me siguen? Ana y Claudio nos acogieron con los brazos abiertos, como miembros de su familia, con mucho amor y sonrisas. Definitivamente hemos tenido mucha suerte en este inicio de viaje y no nos hubiéramos imaginado, antes de emprender nuestra aventura, que esta familia trasatlántica sería tan amable, acojedora y sobretodo tan extendida.

Curitiba tiene fama de una ciudad tranquila, y eso se siente, tanto en el centro de la cuidad como en los parques. Así, aprendemos que alrededor de los años 1870, inmigrantes no portugueses comenzaron a llegar masivamenete, especialmente alemanes, polacos, e italianos, quienes participaron en el desarrollo económico de la ciudad. No es menos sorprendente pasearse en el barrio transalpino con una multitud de restaurantes italianos entre los cuales el más grande de Brasil (1400 mesas cada una de ellas con el nombre de una cuidad italiana, es decir 4645 personas!), o tener la posibilidad de comer una « choucroute » en una taberna alemana del centro. Las diferentes culturas convivieron hasta formar esta identidad original (poco común), muy diferente del resto de Brasil, nos disen. Hasta esa manera de hablar lentamente que pretende facilitar la integración de toda esta gente venida de otros lados.

Aunque nuestra estadía fue corta, tuvimos la ocación de pasearnos en diferentes parques y admirar esta flora exhuberante, como siempre desde que estamos en Brasil, también encontrarnos de muy cerca y por la primera vez un habitante bastante común aquí, el más grande roedor del mundo, el famoso carpincho (cabiai).

Enfin, ¿qué sería de la visita de una ciudad sin, el/los mercados y su centro? En todo caso para mí es una etapa necesaria para impregnarse de la identidad cultural local. Los mercados son siempre un encantamiento para los ojos. Y las calles son, casi siempre, el reflejo de la sociedad donde se mezclan todas las historias de vida que la componen.

Nuestra estadía en Curitiba fue demasiado corta. Esta ciudad parece un lugar agradable para vivir y nos hubiera gustado quedarnos más tiempo. Lo mejor es que tenemos que regresarpor razones logística, lo que nos cae como anillo al dedo. Pues tuvimos que dejar allí una parte de nuestras maletas, además ese será nuestro punto de partida hacia las famosas cataratas de Iguazú en la frontera argentina, luego de una vuelta de más de tres semanas más hacia el sur y hasta el estado de Santa Catarina. Es entonces con un verdadero plasir que imaginamos desde ya el reencuentro con nuestros anfitriones. Pero por ahora, una vez no es costumbre, no nos embarcaremos en un bus sino en un tren bastante particular : destino Morretes. ¡Continuará en el próximo episodio!

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