O Floripa para los íntimos… Tal vez uno de los destinos más esperados de nuestra estadía en Brasil. Por qué? Probablemente porque ya nos habíamos imaginado en esta isla, desde el momento en que Ana comenzó a averiguar sobre las posibilidades de intercambio entre la universidad de Bordeaux y la de Floripa. Ya me veía yo , surfeando con Mathias durante seis meses y preparando exquisitos platillos para el regreso del trabajo de Ana. Ya basta de soñar, estamos en Floripa…
La llegada a la isla no es lo más atractivo : lo primero que vemos es una inmensa zona urbana en la parte continental antes de ser acogidos a la salida del puente por una ciudad de rasca cielos. No era exactamente el paraíso esperado… Pero recuperé la esperanza tan pronto como salimos de esta parte de la ciudad, en dirección hacia nuestro pequeño paraiso. Gracias al consejo de un amigo barranquillero instalado allí desde hace años, encontramos un alojamiento en el centro de la isla, a la orilla del lago norte, a dos pasos de una pequeña ciudad bien animada : Lagoa da Conceição. Es entonces a pie que vamos a hacer las compras, al restaurante, o simplemente a pasearnos en los bares, según nuestros deseos. Hay que decir que nuestro pequeño apartamento, aunque bastante rústico invita al descanso y a la contemplación : estamos ubicados en un piso alto, con una excelente vista sobre el lago, unos monitos llamados « saguis » vienen a buscar algunos pedazos de banano ; nos sentimos casi solos en el mundo en nuestro mirador privilegiado. Además, nuestro anfitrión nos puso a disposición un paddle-board, tenemos que decir que lo disfrutamos mucho !














Los desplazamientos en la parte norte de la isla se hacen en barco-bus, pues algunas de las zonas sólo son accesibles por vía marítima o a pie, lo que le añade un toque más de « paraíso perdido » a este lugar que es realmente magnífico.













También estabámos muy cerca de Barra do Lagoa, una ciudad pequeña situada en la costa este de la isla frante al océano, una ciudad con el mismo ambiente de nuestra Lagoa da Conceição. Allí pudimos, por fin, surfear con Mathias ! La ciudad misma no tiene mucho encanto, es accesible por carretera, pero sigue siendo relativamente tranquila en este periodo del año. Se puede facilmente tomar una «caipi » en la playa, o caminar algunos minutos y encontrarnos en una zona más silvestre y tranquila. En Barra do Lagoa se encuentra una sede de la fundación TAMAR, para nuestra alegría y sobretodo la de Mathias, institución que trabaja por la protección de las tortugas marinas del litoral (Ver el artículo de Mathias sobre este tema). Como a Mathias le encantan las tortugas, nuestro regalo de cumpleaños fue muy fácil de encontrar : una mañana de visita en inmersión con los cuidadores, tanto del lado turístico como del lado de la enfermería. Una experiencia riquísima, y aunque los problemas medioambientales nos son relativamente familiares, especialmente en lo que tiene que ver con las tortugas marinas, fue muy triste e impresionante ver los desastres del comporamiento humano sobre la naturaleza. También fue muy emocionante ver de cerca a algunas de las tortugas salvadas, la belleza y la sabiduría que emana este animal.








Barra do Lagoa, también es, sobretodo, nuestro rincón favorito, aislado de las playas y de las hordas de turistas : al desembocadura del canal que conecta los lagos con el océano. Basta con alejarse de la vía principal para sentirse rápidamente aislados. Mejor todavía, desde nuestro apartamento, otro barco-bus nos desembarca directemente al muelle de Maria & Maria, el mejor restaurante del lugar según nuestro anfitrión, y tenemos que reconocer que nos encantó ! Para echarles el cuento, María comenzó vendiendo pescado frito en un chiringuito, pero al cabo de los años, logró convertilo en un verdadero restaurante… un sitio muy recomendable tanto por la calidad de la cocina como por el paisaje, hermoso y relajante. Las casas del otro lado del río están relativamente aisladas, las únicas vías de acceso son una pasarela peatonalyel barco. Ni un sólo carro a la vista, y un panorama idílico desde nuestra mesa de todas esas casas hermosas aferradas a la colina, no podemos dejar de preguntarnos cómo han sido construídas. La desembocadura tiene otro interés, desconocido para los turistas por lo tanto preservado : se puede bucear y ver tortugas cerca de una enorme roca, a unos cuatro metros de profundidad (nos paramos de la mesa y podemos sumergirnos el frente del muelle) Pero para ello, hay que tener una marea alta, para que las aguas estén límpidas. Desafortunadamente nosotros nunca pudimos llegar q tiempo y disfrutar del espectáculo prometido.



La pasarela peatonal permite, además del acceso al barrio citado precedentemente, pasearse en dirección de la costa, hacia una hermosa pequeña cala, o hacia las « piscinas naturales » una especie de bloques de rocas que se sumergen directamente en el agua y protegen a los bañistas de los saltos de humor del océano.








Existen una gran cantidad de playas en la fachada atlántica, muy cerca de nuestro alojamiento. El paraíso de surfistas pues basta con elegir la playa más conveniente según la dirección del oleaje y del viento para captar las mejores olas. El conjunto está bastante bien preservado e inhabitado, volviendo las caminatas muy agradables : los paisajes escarpados ofrecen a los visitantes impresionantes puntos de vista. A mí me encantó caminar a la orilla del mar, rodeado solamente de naturaleza silvestre.
Como puede deducirse, las expectativas que teníamos sobre este isla fueron altamente satisfechas, y más. El tiempo pasó super rápido y tuvimos que salir de nuestro pequeño paraíso a pesar de nosotros. Menos mal, nuestra nostalgia fue de corta duración puesto que después iríamos a encontrarnos con mi hermano y su nueva familia, en una nueva etapa llena de emociones en dirección de Praia do Rosa !
